Redes sociales y tiempo de vida.

Antonio Jiménez Gómez

El encierro provocado por la pandemia provocó un afianzamiento del impacto de las redes sociales en la vida cotidiana.

No importa la edad y la condición social tampoco ya es una limitante. Lo cierto es que la comunicación se ejerce de una manera más horizontal e influye en todos los aspectos de la vida, para bien… o para mal.

Statista reveló en un estudio sobre el tiempo promedio que la población mundial dedica en promedio a las redes sociales 2 horas y 25 minutos diariamente.

Sin embargo, en el caso de México esta cifra llega a las tres horas y 27 minutos. Si se parte de la clásica visión de 8 horas de trabajo, 8 de sueño y 8 de convivencia y distracción, las redes sociales modificaron el estilo de vida tradicional y se vuelven cada vez más absorbentes.

El problema incide en cuál de esos tres aspectos es el que más se afecta por el tiempo dedicado a las redes sociales: trabajo, sueño o convivencia. Cómo se están afectando los patrones de conducta de forma individual y estos, en qué grado, agravarán problemas que ya venían debilitando el tejido social.

La magia de las redes sociales está teniendo un costo; tal vez el más directo podría dirigirse a los patrones de integración y convivencia familiar, la disminución de las actividades físicas o la modificación de los mecanismos de convivencia interpersonal.

La facilidad que representa su manejo y su adopción en diversas actividades rutinarias, también conlleva a la modificación de patrones de consumo, de afinidad a causas o arquetipos sociales, a la mitificación de iconos, roles o actores que, tras determinado tiempo, regresan a su lugar en la realidad y son sustituidos de una manera impresionantemente rápida por otros.

La pregunta queda abierta: ¿hacia dónde vamos? ¿cuál será el límite?

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