
Heineken, Toyota, Nestlé, Pepsi y Nike son marcas que han sobrevivido a crisis de reputación en diferentes momentos de las últimas décadas. Lo hicieron porque lograron reaccionar rápido, conforme a las circunstancias y de manera que, aún con el costo financiero que ello implicó, pudieron sobrevivir y fortalecerse.
En la actualidad, las crisis de marca se concentran también en instituciones de gobierno y gobiernos nacionales en su conjunto, así como en partidos políticos cuyo mayor riesgo es que no quieren entender los cambios sociales y no se adaptan a las coyunturas y mucho menos evolucionan al ritmo de la sociedad.
¿Pero qué pasa cuando los actores de una organización no quieren modificar patrones y procedimientos para adaptarse a una realidad que les es contradictoria y desgastante? ¿Qué ocurre cuando la pérdida del poder de una organización no incide en la modificación de los roles de sus integrantes con mayor jerarquía?
Manuel Martín Serrano, uno de los primeros en desarrollar la Teoría de Sistemas aplicada a la comunicación, señalaba que los sistemas tienden a evolucionar para conservar su existencia. Sin embargo, los constructos de la acción colectiva en ocasiones resultan insuficientes para redefinir el sentido, los valores y organización del sistema, para minimizar la magnitud de los desequilibrios que enfrenta derivado de un entorno de incertidumbre.
En este sentido, los partidos políticos como constructos de la acción colectiva han sido incapaces de redefinir sus valores, de adaptar su organización y de orientar su evolución para recomponer su relación con la sociedad, en un entorno marcado por el uso de tecnologías de la información que suplantan las figuras tradicionales de autoridad, entiéndase actores e instituciones, así como también añaden una alta dosis de incertidumbre al Sistema Social en que se insertan.
¿Cómo compensan esa incapacidad? Dependiendo, de si tienen el poder o no. Sobre todo en las democracias emergentes, la incapacidad de los políticos se compensa con dinero, con promesas, jugando con la esperanza a partir de la realidad, según el rol que se juegue en el escenario político.
Ivanna Torrico refirió atinadamente, por ejemplo, que a los únicos que les interesa que haya una crisis económica es a los políticos oportunistas que construyen su identidad con los errores de su adversario.
En contra parte, considerando la excesiva inversión en publicidad y propaganda de los partidos en el poder, la especialista en marketing digital advierte que una buena gestión es inversamente proporcional al gasto publicitario. Por el contrario, una pésima gestión invertirá muchos recursos en propaganda, sobornos, favores, comprar con publicidad a la prensa, desinformar, distorsionar y, tropicalizando la aseveración, con una adecuada operación de programas sociales para que los pobres que requieren de ellos sigan votando por quién les otorga apoyos gubernamentales.
Y es en ese contexto en el que se desarrolla la crisis de marca de gobiernos y partidos políticos en México: ante la falta de resultados, contradicciones entre el discurso y la realidad, promoción sin control de la descalificación y uso recurrente de la confrontación desde el poder para debilitar al adversario.
Esto se combina con una oposición desorganizada y desarticulada, que no entiende o no quiere entender sus debilidades estructurales e ideológicas, que se conforma con triunfos pírricos y continúa viendo la posibilidad de generar contrapesos de poder sólo como una oportunidad de mantener a un grupo de cercanos en el poder, sin volver a tomar las plazas, a ciudadanizar el discurso y a enarbolar las causas sociales que les correspondería como únicas vías institucionales que tiene la gente para influir en la toma de decisiones públicas.
Al corto plazo, esas crisis de marcas no ceden, se ahondan; ni siquiera se aceptan, su justifican y se ignoran y se continúa actuando como siempre, con la seguridad de que la ciudadanía cederá su voto para continuar recibiendo una beca o un apoyo económico, o bien, por la pueril creencia de que siempre han votado por el ahora partido de oposición.
La pregunta que queda en el aire es: ¿cuál será el primer partido político que modifique su estructura, valores y forma de comunicar e interactuar con la sociedad para adaptarse, como decía Martín Serrano, a la incertidumbre que priva en el Sistema Social mexicano?
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Muy buen artículo, esperemos que el PRI sea quien cambie, para que no lo sigan cambiando.
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