
Antonio Jiménez Gómez
Una campaña electoral supone cada vez una mayor complejidad, desde su planeación y desarrollo, hasta evaluación permanente de las actividades que se realizan día a día, las reacciones del electoral, los demás candidatos y variables externas, hasta el día de las elecciones.
La evolución de las audiencias que se aglutinan en ese todo llamado ciudadanía que tiene el derecho de ejercer el sufragio, también supone un nuevo desafío para responder a los cómo previos al inicio de una campaña electoral. Lo que en el pasado fueron grupos definidos de electores a partir de su nivel socio-económico o ubicación geográfica, ahora se ha diversificado tanto que es difícil determinar el impacto, por ejemplo, de un menaje.
Ahora son tribus o clústeres demográficos cuyos perfiles e intereses ya no se conocen con simples encuestas, o estimaciones a partir de datos demográficos de fuentes como el Inegi. ahora, debe recurrirse al big data, a los algoritmos de softwares o plataformas que permiten conocer más de la audiencia en un lugar y momento determinado.
Tan sólo para dimensionar la magnitud de la información que se debe analizar para identificar audiencias prioritarias para una campaña electoral, consideremos que para un trámite de gobierno se requieren alrededor de 40 datos sobre una persona, Facebook puede tener 4 mil datos, Google hasta 40 mil datos de esa persona. Esto da una idea de la cantidad de segmentos de audiencia que se pueden identificar para, a partir de ahí, diseñar los planes de comunicación y operación.
Los elementos referidos fueron motivo de análisis en un webinar organizado por la consultora Politeia, donde su director general, Francisco Vergara detonaba la reflexión con la pregunta: ¿cómo iniciar una campaña electoral?
Cada consultor, académico, especialista, político o profesional de procesos electorales podrá tener una apreciación diferente de cómo y dónde empezar, pero hay un factor que unifica criterios: en la estrategia.
Si no hay una estrategia de campaña, no hay resultados. Y la estrategia es una concepción general de a dónde se quiere llegar y qué se debe hacer para lograrlo. Y sí, un elemento básico para una estrategia de campaña electoral es contar con un diagnóstico integral y real del escenario, coyunturas, variables y factores de riesgo que influirán para diseñar, desarrollar y concluir una campaña electoral.
La estrategia se construye con honestidad y experiencia, con muchos datos y con un análisis de actores, de movilización electoral y vulnerabilidad social. Y eso, de entrada, son elementos que no gustan mucho a quienes aspiran a ser candidatos, porque existe una deficiencia cultural que nos lleva a pensar en acciones y no en procesos.
Tan sólo el desplazamiento de los medios masivos de comunicación por los canales digitales que no pueden ser controlados, difícilmente dirigibles que van cambiando y definiendo los temas que le interesan a la sociedad o, mejor dicho, que influyen en quienes van a votar.
Por eso, definir los cuestionamientos básicos sobre cómo y por qué se quiere llegar al triunfo electoral, serán la base para iniciar la planeación de una estrategia de campaña. Y su estructuración no la hará alguien omnipotente, se necesita de especialistas en varias ramas del conocimiento.
La estrategia es el punto de arranque de una campaña. De ella se elaborarán los planes de comunicación, de operación, de crisis. Se definirá el mensaje y la narrativa de campaña, se modificará el perfil del candidato, pero sobre todo se definirá una cadena de responsabilidad para la toma de decisiones que evite la improvisación, el apasionamiento y la pérdida de ruta.
Internet no gana elecciones, Facebook tampoco. El derroche de recursos no gana campañas, el carisma de un candidato influye pero tiene sus límites. Todos los elementos que en el pasado pudiron ser determinantes, en la actualidad poco peso tendrán si no hay estrategia.
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