
Segunda parte.
Antonio Jiménez Gómez
En días pasados se presentó la iniciativa «Méxicolectivo». Mucho se ha comentado a favor y en contra de sus integrantes, aspiraciones y postulados, pero hay un tema común que debe destacarse: proponer un diálogo respetuoso para construir consensos que se conviertan en soluciones.
La comunicación pública que realiza un gobierno, sin importar su nivel o tendencia ideológica, debería estar encaminada a construir consensos, no para simular, sino para legitimarse e incluso para garantizar su permanencia. Aunque pareciera que, como se refería en la entrega anterior, la mayoría de los esfuerzos se enfocan en el culto a la personalidad, en la negación de la realidad reflejada en problemas, confrontaciones y conflictos, así como en la descalificación a las voces disidentes.
Los objetivos de la comunicación pública van desde los obligatorios o establecidos por la ley, que son: garantizar el derecho a la información, responder al derecho de petición, rendir cuentas e implementar una política pública o programa de gobierno; los institucionales entre los que se puede incluir: legitimar la acción de gobierno y conseguir la aprobación de la opinión pública y fortalecer la confianza ciudadana en las acciones de gobierno.
También se pueden considerar objetivos más ideológicos, como promover y consolidar ideales o corrientes ideológicas que distinguen a una determinada forma de gobierno. Es válido.
La propuesta es gobernar bien aunque sea nada más para ganar las próximas elecciones. Y para gobernar bien, también se debe comunicar bien, no se pueden separar ambos preceptos. y para lograr una buena comunicación pública debe haber objetivos claros y, sobre todo, definir bien los cómos, la planeación de las acciones para lograr esos objetivos y cambiar el chip de como se ha hecho siempre y considerar las 4 «R»: reimaginarse, reinventarse, reenfocarse y relanzarse.
Comunicar para un gobierno debería también ser una política pública que sea diseñada, ejecutada y medida; en la que se hagan ajustes y se admitan errores, pensando sí, en las próximas elecciones, sobre todo ahora que la reelección en algunos cargos es permitida y considerando que el electorado no se va por quién sea más inteligente o capaz, sino por quién le solucione más problemas, o por lo menos aparente tener la intención de hacerlo.
Pero el cumplimiento de estos objetivos debe sustentarse en la generación de consensos, basados en el diálogo; debe buscar la gobernanza a través de una apertura y respeto a las diferencias y la interacción responsable protagonizada por liderazgos positivos que demuestren que A es mejor que B, sin apostar a la polarización, la confrontación y el enfrentamiento social.
Ese es el desafío: mejorar la comunicación pública para que sirva a un gobierno y a la sociedad en que se inserta; no sólo limitarla a saciar el ego y la necesidad de reconocimiento y de culto a la personalidad.
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