Elon Musk, el distractor fallido

Antonio Jiménez Gómez

Una de las primeras condiciones que debe cubrir alguien que se va sentar a negociar es, precisamente, tener algo qué negociar.

Y para determinar escenarios, se deben conocer las variables. Y para identificar éstas, se debe contar con un diagnóstico real, en los que instrumentos como los análisis FODA y PESTEL son apenas la base para dimensionar y entender el tema de la negociación.

Y ese fue el gran error que cometió el gobierno mexicano al pretender chantajear a la multinacional TESLA y a su propietario, Elon Musk.

Para que la empresa fabricante de autos eléctricos de escala mundial considerara construir su gigaplanta en el estado mexicano de Nuevo León, tuvo que realizar estudios de viabilidad financiera, logística y productiva; se debieron considerar varias opciones, evaluar el perfil de cada uno de ellos y, finalmente, tomar la decisión.

Y la decisión ya estaba tomada desde hacer meses, al grado de que desde el año pasado se anunció en medios locales de esa entidad la bolsa de trabajo para empezar su entrenamiento. Obviamente, se inició el diseño de la planta, lo que implica estudios específicos y mucho trabajo previo adicional.

Siendo así ¿a quién se le pudo ocurrir que, sin ningún fundamento más que el electorero y populista, se podría imaginar que el propietario de Tesla iba cambiar la sede de su proyecto a otro lugar de la geografía mexicana que no contaba con todos los elementos que habían justificado la planta de Nuevo León?

Sí, a la misma persona que recientemente confesó que a pesar de que sus tres principales asesores, especialistas en el ramo de infraestructura, empresarial y técnico le recomendaron que se continuara la construcción del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, optó por hacer una consulta a modo para justificar su capricho de hacer desde cero una terminal aérea que, aún con reformas legales a modo, sigue sin poder levantar el vuelo y viviendo del subsidio federal.

Y es ahí donde Elon Musk se convierte en el distractor que permitió durante días y semanas, tratar de recuperar el control perdido de la agenda mediática y utilizarlo para distraer a los medios de información y a la opinión pública de otros temas de relevancia nacional y en los que el oficialismo había venido perdiendo terreno.

Aumento descontrolado de precios como no se veía desde 1994, inseguridad, la vulneración de las instituciones electorales para preparar el terreno hacia el proceso electoral de 2024, los informes de desvíos de recursos en diversas instancias federales dados a conocer por la Auditoría Superior de la Federación.

Incluso, la figura presidencial presumió en redes que se había comunicado telefónicamente con el propietario de Tesla en un intento de demostrar de que sus propuestas eran escuchadas.

Finalmente, en cuestión de días y luego del riesgo de que la planta de Tesla fuera reubicada a otro punto del planeta –no a Tabasco–, Elon Musk confirmó su construcción, el monto de inversión y la proyección que estas instalaciones tendrán.

Y sí, nuevamente se perdió el control de la agenda mediática porque, ¿en realidad alguien aspiraría a pensar que puede hacer cambiar de opinión a un hombre cuya determinación es tal que fue capaz de nombrar a su perro el CEO de Twitter?

Obviamente, ante la frustración retomó y arreció sus ataques contra los de siempre, los que no piensan igual, centrándose en consejeros electorales, la presidenta de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, entre otros.

Y para sentir que si hay resultados, el oficialismo ha desbocado su narrativa en celebrar el precio del dólar norteamericano el que, por cierto, retomó el valor de cuando la Presidencia de la República estaba en control del PRI, sólo que a diferencia de hace 6 años, ahora los productos de la canasta básica cuestan el doble que en aquél momento de la historia.

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